domingo, 5 de diciembre de 2010

Crónicas de un viajero enamorado

¿Miedo? Claro que tengo que tuve miedo, no nada más uno, sino varios, miedo a un lugar desconocido, a vivir una nueva experiencia, a un trayecto solitario, a su rechazo. Un viajero es algo en lo que apenas me convertí, luchando contra esos temores que me mantenían encerrado como si fueran mis carceleros.

Tomé la decisión, ella lo vale. Como el pirata que busca el tesoro con ayuda de un mapa, así salí. Mochila al hombro, efectivo en el bolsillo y dudas en el corazón. El temor me invadía conforme avanzaba, pero si no lo enfrentaba en ese momento nunca lo haría.

Llegó el momento en el que ya no habría marcha a atrás. Estaba en el punto sin regreso y contra todo lo que pensaba, me sentía bien. Después de tanto tiempo, la vería.

Ya me encontraba en mi destino, un sentimiento de ansiedad recorría mis venas; tal vez era la adrenalina por lo que no me podía quedar tranquilo. Pero tuve que esperar. Media hora, seguía esperando. Lágrimas fintaban llegar a mi rostro, los demonios en mi cabeza decían "no llegará, nunca la verás, regrésate, no eres un viajero". Poco faltó para obedecer esas voces, pero tenía un as bajo la manga, una llamada. Esperé y me subí a un coche con 3 personas que nunca había visto, pero un presentimiento decía que siguiera adelante.

La vi, me emocioné. Nos fundimos en un abrazo. Fue todo. No pude vencerme a mi mismo. El temor lo vencí, la duda también, pero no pude contra mi historia y ocurrió una vez más.

Pasaban las horas y las copas, las risas fulminaban los malos pensamientos, el viajero se sentía bien, una extraña sensación, pero finalmente sabía que era lo que venía en su camino. La gente se iba, el frío se intensificaba y me vi una vez más derrotado. Pero no fue una derrota completa, sino una forma de vivir de nuevo.

Amaneció y yo, seguía con esa espina clavada, sabiendo que debería regresar y que no pude superar la barrera de decirle "te quiero". No todo está perdido, las acciones dicen más y espero que haya visto lo mucho que me importas como para hacer este viaje.

Regresé más contento que nunca, sabiendo que allá hay buenos amigos, mejores de lo que creía, enamorado de la vida, enamorado de ella, no sé cuando vuelva, pero lo haré aunque me duela.

viernes, 22 de octubre de 2010

Clase breve de ortografía

Compañeros y compañeras: tubo - Objeto cilíndrico, hueco y alargado que está abierto por sus dos extremos; tuvo - conjugación del verbo tener para el pasado de la tercera persona del singular; haber - v. impersonal. se usa para formar los tiempos compuestos e indica que la acción, el proceso o el estado expresado por el verbo ha terminado; a ver - de "a", preposición que indica una intención o finalidad, p. ej. "vengo a verte", y del verbo ver". Ejemplos: ese tubo está oxidado; Abraham tuvo que poner ejemplos; va a haber gansitos; a ver, ¿qué pasa aquí?

Lección 2: estubo - no existe, a menos que sea "es tubo", de la conjugación del verbo ser para el presente de la tercera persona del singular y de tubo (ver definición); estuvo - conjugación del verbo estar para el pretérito de la tercera persona del singular; ves - conjugación del verbo "ver" para el presente de la segunda persona del singular; vez - Cada realización de un suceso o de una acción en momento y circunstancias distintos. Ejemplos: Ésta es manguera, aquel es tubo; Rodrigo estuvo preguntándose "¿por que Abraham escribe tanta pendejada rebuscada?"; ¿Qué chingados me ves?; Esa vez llegamos bien borrachos...

Una más (y más breve): has - del verbo haber, p.ej. ¿cómo has estado?; haz - del verbo hacer, p. ej. ¡Haz tu tarea, Rodrigo!; as - carta de la baraja, p. ej. yo tengo el último as de la baraja; ass - "trasero" en inglés; az - no mamen, ese ya no existe, a menos que sea una abreviatura de Arizona, "Az."

Gracias a Abraham por la clase.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Mi corazón de rombitos

Un rombo, una figura de cuatro lados. Cuatro estaciones, cuatro puntos cardinales, cuatro letras, cuatro suspiros. Me quedo con los suspiros, porque dicen más que cualquier palabra, palabras van y palabras vienen, pero los suspiros penetran el alma. Cuatro momentos, seguirte, hablarte, conocerte, y ahí me quiero quedar. ¿Por qué no llego al último momento? Porque ese sería perderte, y no lo quiero hacer.

Pero al callar perdí, por no decir nada, por mi cobardía puedo llegar a perder a cierta personita especial que me hace suspirar, sonreír y olvidarme de la realidad. Callé porque me atemoricé al sentir todo demasiado rápido, lo confieso, pero temo no estar contigo, y me arrepiento.

Y a esa personita la conocen por cuatro letras, cuatro días le tomó forrar mi corazón con su sello característico. Ese forro le hace bien a mi corazón y si le faltase el forro prefiero que me quiten el corazón completamente para no sentir la ausencia que me dejaría.

Así que aprovecho estas líneas para decirte lo que callé, te quiero y no quiero que esto se quede nada más como algo pasajero

viernes, 27 de agosto de 2010

Música y poesía.

Me da miedo expresar lo que siento, miedo de que algún día lo leas y veas la parte que siempre oculté. Quisiera regresar el tiempo atrás para evitar el dolor que siento, pero es imposible evitar el dolor, ese dolor que me apuñala una y otra vez el alma desnuda que tanto brillaba por ti, y simplemente desapareció, como un sueño del que no quieres despertar y cuando termina, no puedes escapar de la pesadilla de la realidad.

Pensando tantas cosas, no he podido desprenderme de ti, porque cada vez que pienso, no puedo pensar con claridad. Y ahora me dueles, me dueles más que nunca. El dolor me ataca sin piedad, cuando respiro, cuando lloro, cuando río y cuando pienso. Entonces decido no pensar, ni motivos ni razones. Decido no reír, porque te llevaste mi risa y la arrojaste por el puente que fuimos construyendo día a día, palabra a palabra, risa a risa, mirada a mirada, latido a latido. Sin la risa me queda llorar, pero cada lágrima conspira con mi pensamiento y me recuerda a la lluvia de cada noche que culminaba un día, una hora, un minuto, un instante de alegría. Sólo queda dejar de respirar, por si algún día encuentro tu perfume que me llevaba a la risa y la risa a la alegría por estar con la mujer más maravillosa que he conocido.

Si lo lees no creas que escribo para lastimarte, esa no es mi intención y nunca lo ha sido. No quise gritarte así, no quiero despedirme. Quiero que sea un hasta pronto, no quiero olvidarte, no quiero perderte, perder cada risa, cada momento, cada sonrisa. El mundo es muy grande, lo sé, pero la vida es corta y si buscara a alguien con quien llenar el vacío que siento, perdería la oportunidad de pedirte perdón.

Perdóname, perdóname por cada suspiro que en realidad era un grito por ti, perdóname por cada noche que no dormí pensando en cómo hacerte sonreír, por cada detalle, por cada vez que nuestra piel se rosó una con la otra, por cada lágrima derramada en mi fría almohada, perdóname, sobre todo, por no haberte dicho lo mucho que te quiero y que me hacías feliz.

lunes, 12 de julio de 2010

La niña de mi sueño

Era una tarde de verano, en el parque de la colonia, un lugar que frecuento poco pero me trae muchos recuerdos de mi juventud. En esa ocasión habían muchos niños debido a las vacaciones. Mientras tanto, yo estaba sentado, escuchando música, como usualmente lo hago, y observando.

¿Qué observaba? Realmente eso no tiene importancia en este momento, me sentía tranquilo, esperando la compañía de aquella mujer que me hace feliz cada segundo. Mientras las risas de los niños acompañaban el canto de las aves y el silbido tan peculiar del globero, aquel mismo señor que estaba cuando era niño, nada más que ahora más viejo.

Se me antojó un helado de vainilla, y vaya que era necesario por el calor de una tarde, que se intensificaría aún más. Muchas pelotas de colores y con figuras diferentes iban de lado a lado, niños y niñas con sus diversas actividades y sus padres conversando en las bancas de aquel lugar.

Un perro se me acercó esperando recibir algo. No sé de razas, pero era de esos que les cortan el cabello para que parezca que tienen un bigote. Se veía triste el pequeño canino y un además poco inquieto. Lo ignoré, me mordió el pantalón y me molesté. Quería quitarlo de mi lado. Vi una placa, me acerqué y la vi. Era una placa en forma de hueso con una inscripción. ¿El nombre del perro? No es relevante, pero el nombre de la dueña saltó a la vista: Inés B. No podría ser ella, la niña que estaba perdida y salió en los periódicos y yo con su perro enfrente a nada de darle una patada para que me dejara en paz. Me levanté inmediatamente, y lo seguí. El perro corrió a toda velocidad entre los arbustos y debajo de las bancas, mientras tanto yo iba esquivando cualquier obstáculo para evitar perderle la pista.

Finalmente se detuvo cerca de un montón de hojas que se veía que acomodó el jardinero del parque. Empezó a olfatear, rascar, gruñir y ladrar. Tantas cosas pasaban por mi mente, escuchaba gritos, gemidos, llanto, como si estuviera en ese punto días atrás.

Me agité como nunca me había pasado, le ayudé a buscar, revolví las hojas, excavé y no encontré nada. No debía confiar en un perro nada más porque vi el nombre de su dueña en las noticias. Tal vez estaban ahí en el parque y el perro buscaba comida. Por otra parte, el perro se veía tan seguro de sus sentidos que no se despegaba de mi lado.

Decidí ver a mi alrededor, buscando una pista, así como los libros que solía leer, me sentía un detective, nada más me faltaba mi boina y mi pipa. Me sentí importante y un sentido de responsabilidad me abordaba con mayor fuerza.

Buscaba algo, pero no sabía qué era. Esperé a que Weasley (aquí es cuando me parece pertinente nombrar al perro) me guiara para dónde ir, pero se veía más confundido que yo. Decidí dar unos pasos atrás y vi el carrito del jardinero, con el bote de basura, su escoba y demás instrumentos que usan. Me acerqué cautelosamente, esperando no ser visto. Algo colgaba, era bastante brillante. Mi corazón se aceleraba cada segundo que pasaba, mis manos sudaban más que otras veces. Miré por detrás de mi hombro nuevamente, no había nadie. Cada paso lo daba con más cuidado que el anterior, algo había ahí, algo sumamente importante. Finalmente llegué a mi objetivo, una cadena de oro con un dije, el cual tenía una figura de una paloma. Detrás tenía grabado I.B. No podía equivocarme, era el inicio de la investigación. Nadie había encontrado nada y yo, sin haberlo planeado, encontré lo que era un objeto auténtico. Dentro del bote había un zapato rosa, me comencé a preocupar. Me faltaba el aliento, un sudor frío recorrió mi rostro y mi corazón de repente se paralizó. Una lágrima bajó por mi mejilla lentamente.

¿Por qué tuve que ver eso? Me sentí terrible, la esperanza había sido opacada por un cruel sentimiento de dolor. Tomé el zapato y lo miré, no había duda, era de Inés. Weasley brincaba para alcanzarlo. Imaginé tantas cosas, tanto dolor. Luego el dolor se convirtió en ira. Quería venganza, no sé por qué, pero la quería. Sé que no era mi problema, pero me conmovió más allá de lo imaginado. Apreté la cadena con mi puño y el zapato con mi pecho. Las lágrimas no me dejaban ver con claridad.

Weasley empezó a ladrar y a gruñir, pensé que era el mismo sentimiento, pero me equivoqué. Un señor de mediana estatura y bastante delgado se acercó. Vestía pantalón de mezclilla y una camisa de franela, tenía unas tijeras de podar en la mano derecha y una expresión que me impactó.

Apreté la quijada, solté el zapato y con el brazo me sequé las lágrimas. No iba a dejar que me viera en ese estado y mucho menos con la rabia que inundaba mi sangre. Él debía ser el que hizo tal atrocidad. Descaradamente el jardinero sacó de un bolsillo el par del zapato y soltó una carcajada. Me enfurecí aun más. Esperé a que se acercara, no podía arriesgarme al no estar armado. Dio un paso al frente y quise esquivarlo, me tropecé y caí de espaldas, cerré los ojos esperando lo peor...

Al abrir los ojos vi mi celular... 5:49 am. Era la madrugada del mismo día, me trastorné. Busqué con mis manos alguna cicatriz pero no había nada. Suspiré, nada más fue una cruel pesadilla. Dejé el celular en la mesita de al lado y sentí una cadena, la tomé y vi una paloma con la inscripción I.B...

domingo, 9 de mayo de 2010

Un silencio cómodo

Rara vez el silencio es tan cómodo
como el que mantienen tus labios,
un misterioso silencio tranquiliza el ambiente
y me agrada esa sensación por comprenderte.

Un silencio dice más que mil canciones,
aviva mis recuerdos que tengo del pasado,
convence a mi alma a quedarme junto a ti.

En medio del caos tu silencio me anima,
mi sonrisa se alimenta del suspiro que emites,
al no escucharte imagino melodías
y compongo mis poemas al estar en tu silencio.

viernes, 7 de mayo de 2010

Una tarde de mayo

¿Por qué mis emociones dominan a mi razón?
Sé que no soy el centro de tu universo
y sin embargo, no puedo dejar de querer serlo.

Si me lo pidieras detendría el tiempo para estar eternamente contigo.
Porque siendo sincero, nunca es suficiente para contemplar tu sonrisa.
Nada más falta que te atrevas, que te arriesgues,
porque por ti lo daría todo y hasta más que eso.

Te daría el inicio de la primavera en medio del invierno,
la luz de la luna para que te cuide cada noche,
una legión de ángeles velarían tus sueños
y la brisa del mar acompañaría tu caminar.

Ya conoces qué te ofrezco, y sabes que no me pesa darlo,
ni viajar para verte un instante y después desaparecer
tras la penumbra de la noche, mientras el sol se despide
de una hermosa tarde de mayo.

Pero mientras tanto, una cruda letanía se apodera de mis sueños,
un aguijón ataca mis recuerdos y supera la realidad.
Permanezco alentado por la melodía de tu voz,
y por el último recuerdo que quedó en mi corazón.

viernes, 30 de abril de 2010

El niño que todo lo quería ser

El niño quiso ser pez, metió los pies en el río.
Estaba tan frío el río que ya no quiso ser pez.

El niño quiso ser perro, se puso a ladrar a un gato.
Lo trató tan mal el gato que ya no quiso ser perro.

El niño quiso ser pájaro, se asomó al balcón del aire.
Estaba tan alto el aire que ya no quiso ser pájaro.

El niño quiso ser hombre, empezó a ponerse años.
Le iban tan mal los años que ya no quiso ser hombre.

Y ya no quiso crecer, no quería crecer el niño,
si estaba tan bien de niño, pero tuvo que crecer.

Un día, al volver a su placeta de juegos,
el hombre quiso ser niño, pero ya no pudo ser.

Manuel Benitez Carrasco.

domingo, 4 de abril de 2010

Solo con mi soledad

Una vez más me encuentro solo, y así me gusta estar. Hablar conmigo mismo, ser yo, sin tener que mentirle a nadie, sin fingir. Si estoy triste me doy un abrazo para levantar el ánimo; si estoy feliz grito de alegría.

Y así he estado casi siempre, solo con mi soledad. Para qué ser el valiente domador de leones en el coliseo con tal de impresionar a la hermosa doncella que está comprometida con el hijo del rey. Tampoco pretendo ser el creador de una nueva obra de arte que se quiere ganar el reconocimiento de los ricos, los cuales se critican unos a otros pero de frente son los mejores amigos.

Estando solo puedo conocer mis defectos que me detienen a ser realmente yo mismo. Estando solo me siento libre. Estando solo sólo faltas tú. Pero si estuvieras tú ya no estaría solo, ya no imaginaría una vida junto a ti, porque la viviría a tu lado. No me conocería tanto porque tú me conocerías mejor.

Es por eso que quiero estar solo, porque todavía no se quién eres tú, no sé si quiero conocerte o ya te conozco, lo único que sé es que estando solo estoy bien, aunque este bienestar sea un pasajero con un viaje de ida pero no de vuelta. Y cuando el pasajero llegue a su destino subirá tu compañía y mi soledad se irá con él.

Mientras estaré así, sólo con mi soledad, juntos, pero sin ti...

martes, 2 de marzo de 2010

El poder del error

Error, una palabra tan pequeña que nos trae tantos recuerdos. Un error nos puede costar muchas cosas: tiempo, dinero, amistades e incluso la propia vida.

¿A qué se debe un error? Principalmente es por la falta de atención y por no pensar bien las cosas antes de hacerlas. Muchas veces me ha pasado que me equivoco en el lugar que debo bajarme del camión, ya sea por estar pensando en problemas, quedarme dormido, escuchar música, bueno, por cualquier razón. Después de esto hay que caminar más, tomar otro camión con lo que he "perdido" tiempo y dinero.

Errores cometemos todos y hay infinidad de ejemplos como fallar un penal aunque seas el mejor anotador del torneo, ser descalificado aunque se haya ganado el oro en la edición más reciente de los juegos olímpicos, incendios, accidentes, una multa o recargo al no realizar a tiempo un trámite, por mencionar sólo algunos.

¿Habría podido evitarse algún error? Seguramente sí, sin embargo lo hecho, hecho está. Ya mencioné al principio que un error nos puede acarrear grandes costos, pero no todo está perdido. El poder del error recae en un factor muy poderoso que todos debemos adquirir: la experiencia.

La experiencia después de un error es la más valiosa que podemos tener. Recupera cualquier pérdida. Con un error el deportista se prepara para no fallar y así mismo superar sus propias marcas, cualquier persona realizará un trámite días antes para evitar recargos e incluso obtener algún descuento, en fin, al próximo evento que se presente con características similares se obtendrá un mejor desempeño.

Por lo que un error debe ser observado bajo esta lupa y analizado para evitar caer en lo mismo y poder avanzar. Así que ya no lo llamaré error sino una nueva experiencia.