martes, 8 de febrero de 2011

Desaparecida

-¿En dónde está mi hija? - El hombre reclamó mientras un cuchillo acariciaba cautelosamente el cuello de ella.
-¡No lo sé, no lo sé! - La joven gritaba, las lágrimas salían de sus ojos y se perdían con la lluvia de la noche.
-¡Claro que lo sabes! Tú fuiste la última en verla, no sabes lo mucho que significa para mi. - Sus ojos irradiaban rabia, pero también dolor y angustia. No estaba jugando, haría lo posible para encontrarla.
-¡Ya suéltame! Si lo supiera, no dudaría en decírtelo, pero...

Un ruido interrumpió a la muchacha, alguien tropezó. Pudo haber sido un vagabundo, por el lugar en el que se encontraban, pero no fue así. Era un joven, armado con una pistola semiautomática, el cual apareció al mismo tiempo que la tormenta iluminaba la escena.

-¡Suéltala o disparo! - Ordenó el joven, más el señor jaló del cabello de la chica lo que causó que ella gritara.
-No la soltaré hasta saber en dónde está mi hija, llevo años buscándola y ella es la única que sabe en dónde está.
-Te equivocas Armando, te equivocas. Yo también sé en dónde está, pero te diré hasta que la sueltes.
-No, no, no. El que pone las reglas soy yo. Dime y la suelto. ¡Qué alguien me diga en dónde está! - Gritó al mismo tiempo que el cuchillo cortaba ligeramente la piel de uno de los hombros de la muchacha.
-Está bien, te diré. Tu hija Armando, tu hija, está muerta.
-No es cierto, no puede ser cierto, mi hija no puede estar muerta. Es una niña aún. - Gritaba, lloraba, reía, era un mar de emociones. Intentando aferrarse a la realidad, apretó el brazo de la joven, transmitiendo su dolor.
-Es cierto Armando, ¡tú la mataste hace dos años!

Armando soltó a la joven. El cuchillo cayó lentamente. Ella corrió a los brazos de su salvador, mientras que él enfundaba el arma. Se alejaron dejando atrás a Armando con su dolor.

1 comentario: